Prevención de la Fiebre tifoidea

Según el microbiólogo José María Marimón, existen dos maneras de prevenir la fiebre tifoidea: “Una, es no ingerir agua o alimentos contaminados con la bacteria. Para ello hay que beber agua potable y alimentos libres de la bacteria o bien cocinados, ya que el calor las destruye. Esta medida, además, puede ayudar a prevenir otras infecciones gastrointestinales”.
Así, el control de la manipulación de alimentos y la conservación de la comida y el tratamiento adecuado de las aguas residuales, con el fin de evitar la contaminación de las aguas de consumo, junto con la educación sanitaria de la población, pueden ser herramientas eficaces para prevenir el contagio de la fiebre tifoidea. Las medidas individuales son fundamentales:
- Higiene básica, como lavarse las manos antes de comer.
- No tomar bebidas con hielo de dudosa procedencia.
- Abstenerse de tomar infusiones o té en lugares que no gocen de su confianza, a no ser que se hayan tratado correctamente o se hayan preparado con agua mineral.
- No ingerir productos lácteos, excepto si está completamente seguro de que han sido pasteurizados.
- Las verduras y hortalizas han de consumirse cocidas y cuando aún estén calientes. Si prefiere consumirlas crudas, debe sumergirlas previamente, durante al menos cinco minutos, en una solución de agua potable clorada con cuatro gotas de lejía de una concentración de 50 gramos de cloro por litro.
- La fruta debe ser lavada antes de pelarla.
- Los pescados y mariscos no deben consumirse crudos; deben ser hervidos al menos durante diez minutos antes de su consumo.
La otra manera de prevenirlo es mediante la vacunación. “Hay dos tipos de vacunas frente a la fiebre tifoidea, una oral y otra inyectable. La protección que confieren no es permanente, por lo que se recomienda revacunarse a los tres años si se va a países donde la enfermedad aún es endémica”






